Esta nueva entrega de mi columna semanal de ciberseguridad es para vos. Una VPN funciona como tu cinturón de seguridad digital cuando salís a la intemperie de internet, ocultando tu IP real y metiendo todo tu tráfico en un túnel privado y blindado.
Tus 4 salvavidas cotidianos:
- En Wi-Fi públicos: El cifrado convierte tus paquetes de datos en código indescifrable para que nadie en la red intercepte tu conexión.
- Comprando pasajes aéreos: Evita que los algoritmos rastreen tu IP y te suban los precios de forma dinámica tras búsquedas repetidas.
- En la oficina o la universidad: Encapsula tu tráfico para cegar al firewall institucional y saltarte los bloqueos de red sin trabas.
- Durante tus viajes: Te permite cambiar tu ubicación virtual con un toque para evitar censuras y recuperar el acceso a tus catálogos de streaming.
La necesaria dosis de realidad:
Una VPN no te vuelve un fantasma intocable. No te va a proteger si hacés clic en un enlace de phishing o descargás malware.
- Si navegás con tu sesión iniciada, las plataformas igual sabrán quién sos gracias a las cookies.
- Ojo con las versiones gratuitas: muchas registran tu historial para vendérselo a terceros.
- Tampoco es ideal dejarla encendida las 24 horas; puede ralentizar tu internet, someterte a bucles de captchas o provocar que tu banco congele tu app por seguridad.
Usala con sentido común y solo cuando realmente necesites blindar tu ruta.

