La empresa organizó su primer brand trip de verano en un resort de Nueva York con cenas gourmet, apicultura y talleres de pintura. Las críticas apuntaron a la hipocresía de celebrar la IA en la naturaleza mientras OpenAI negocia un centro de datos de 500.000 millones de dólares en Ohio y tiene contratos con el Pentágono.
OpenAI organizó por primera vez un viaje de marca para influencers —al estilo de los que hacen empresas de moda o cosméticos— y el resultado fue exactamente el opuesto al que buscaba: una ola de rechazo que obligó a algunos de los participantes a borrar sus publicaciones.
El evento, llamado «Summer Club», reunió durante el fin de semana a un grupo de creadores de contenido en un retiro de lujo en el norte del estado de Nueva York. El programa incluyó cenas de cocina local, clases de apicultura, talleres de pintura y sesiones de capacitación sobre cómo usar mejor los productos de OpenAI. Los videos publicados por las y los influencers eran estéticos y desenfadados. Los comentarios que recibieron, no tanto.
Las respuestas del público fueron directas y variadas: que habían vendido su alma por una habitación de hotel de lujo, que deberían hacer un video preparándose para visitar un centro de datos, que el mundo está en llamas y no es buen momento para presumir de suites de 5.000 dólares por noche. Una de las participantes llegó a admitir en LinkedIn que no había imaginado que el viaje sería controversial. «No consideré por un segundo que esto podría generar polémica», escribió.
El timing del evento no ayudó a la narrativa de OpenAI. La compañía se encuentra en plenas negociaciones para construir un centro de datos de 500.000 millones de dólares en Ohio, en un momento en que el impacto ambiental de la infraestructura de IA está en el centro del debate público. La ironía de celebrar la tecnología en un retiro natural de lujo no pasó desapercibida. A eso se suma el contrato de 200 millones de dólares que OpenAI tiene con el Departamento de Defensa, otro elemento que suma fricción en la percepción del público.
Vale aclarar que OpenAI no fue la primera compañía de IA en hacer algo así: Anthropic organizó una cena con influencers para Claude, y Microsoft Copilot llevó a creadores al Super Bowl. Pero ninguno de esos eventos generó la resonancia negativa de este viaje, lo que sugiere que el nivel de tensión pública en torno al uso de la IA llegó a un punto en que cualquier movimiento de marketing percibido como celebratorio puede volverse rápidamente en contra de quien lo organiza.
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