El proyecto de ley, presentado junto al representante Greg Casar, crearía una agencia federal a nivel de gabinete para hacer cumplir la prohibición, equiparando el desarrollo no autorizado de IA avanzada con la construcción ilegal de armas nucleares. (Fuente: Android Headlines)
La mayoría de la política tecnológica en Washington avanza a paso de tortuga, pero el senador Bernie Sanders y el representante Greg Casar acaban de meter un cambio radical en la máquina. Los legisladores progresistas están impulsando una nueva legislación llamada Ban Artificial Superintelligence Act, que trata al desarrollo avanzado de IA como una crisis existencial que necesita capacidad de frenado inmediata.
El proyecto de ley propuesto introduce algunas de las penas criminales más duras jamás dirigidas a ingenieros de software. Si se aprueba, los desarrolladores o empresas que avancen con la construcción de superinteligencia artificial podrían enfrentar hasta 20 años de prisión federal, ubicando la escritura de código no autorizado en el mismo nivel legal que construir ilegalmente armas nucleares.
El proyecto de ley no se detiene en los cargos criminales individuales. También busca cambiar por completo cómo Washington monitorea a Silicon Valley: la legislación llama a crear una nueva agencia federal a nivel de gabinete, dedicada específicamente a hacer cumplir las prohibiciones sobre superinteligencia y vigilar de cerca a los laboratorios de frontera. El alcance también se extendería a nivel global, ya que el proyecto le indica a los diplomáticos estadounidenses negociar acuerdos internacionales para prohibir la superinteligencia en todo el mundo.
Quienes impulsan el proyecto argumentan que estas medidas son necesarias porque una IA autosuperante y sin monitoreo representa un riesgo genuino para la humanidad, un temor que hasta figuras de la industria como Sam Altman, Dario Amodei y Elon Musk repitieron recientemente al pedir pausas de seguridad. Sanders viene expresando preocupación desde hace tiempo por los sistemas automatizados, advirtiendo en recientes actos que la IA podría desplazar a la mitad de los empleos de oficina de nivel inicial, junto con millones de trabajadores del transporte que manejan camiones y taxis.
Detrás de las advertencias apocalípticas, sin embargo, hay un debate agudo sobre empleo y progreso económico. Los críticos argumentan que el proyecto tiene menos que ver con la seguridad existencial y más con frenar el crecimiento tecnológico. Los opositores señalan las propuestas anteriores de Sanders para moratorias nacionales sobre centros de datos por el consumo de energía y agua, y sostienen que criminalizar el desarrollo de IA va a destruir avances médicos en detección de cáncer y descubrimiento de medicamentos, además de entregarle a China una ventaja competitiva enorme.
Pese a generar olas enormes, el proyecto enfrenta una cuesta empinada en el Capitolio. Se espera que demócratas más cercanos a las empresas y republicanos afines a Trump, que se enfocan en superar a rivales extranjeros, se opongan a medidas tan extremas. Aun así, la propuesta desplaza por completo los límites del debate sobre IA, y al poner a las redes neuronales en el mismo grupo que las armas de destrucción masiva, Sanders y Casar están obligando a Washington a responder una pregunta fundamental: ¿debería Estados Unidos frenar sus motores tecnológicos, o seguir corriendo a toda velocidad hacia un territorio inexplorado?
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