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Video semanal: falso escaneo de iris y robo de identidad biométrico

Las filas interminables de personas dispuestas a escanear sus ojos a cambio de una recompensa económica han acaparado los titulares en los últimos meses. Sin embargo, el reciente caso detectado en la provincia de Buenos Aires, conocido como el caso Mangini, demostró que muchas veces la promesa de la alta tecnología es solo un disfraz para ejecutar estafas mucho más terrenales y peligrosas.


En este tipo de fraudes, el escáner es simplemente un dispositivo teatral. La verdadera amenaza ocurre mientras la víctima está distraída.


El verdadero botín: Tu identidad digital
El objetivo de los delincuentes no era almacenar un mapa tridimensional del iris en una base de datos global. El objetivo era tener acceso físico al teléfono desbloqueado y, fundamentalmente, al Documento Nacional de Identidad (DNI) de los damnificados.
En el mercado negro digital, un paquete que incluya fotos nítidas del frente y dorso de un DNI, sumado a una fotografía del rostro de la víctima, tiene un valor incalculable para cometer delitos financieros.


Cómo vulneran las billeteras virtuales (KYC)
Las aplicaciones financieras utilizan un protocolo llamado KYC (Know Your Customer o Conozca a su Cliente) para prevenir el fraude. Pero los estafadores encontraron la forma de burlarlo:

  • Apertura de cuentas mulas: Con las fotos del DNI y selfies capturadas en el momento, los ciberdelincuentes superan la verificación biométrica inicial de las apps financieras.
  • Solicitud de créditos: Una vez creada la cuenta a nombre de la víctima, solicitan préstamos preaprobados que se liquidan en minutos.
  • Triangulación de fondos: El dinero obtenido se transfiere rápidamente a través de un laberinto de cuentas de terceros para perder el rastro, dejando a la víctima con una deuda a su nombre y su historial crediticio arruinado.

La biometría no tiene botón de reinicio
El peligro más grande de ceder a estas promesas de dinero fácil radica en la naturaleza de los datos comprometidos. La regla fundamental es clara: una contraseña vulnerada se cambia en minutos. En cambio, los datos de nuestro rostro, nuestras huellas dactilares o nuestro iris son inmutables. Si caen en las manos equivocadas, quedamos expuestos a suplantaciones de identidad de por vida.


No entregues el control de tu identidad por unos pocos pesos. Si quieren seguir profundizando en cómo protegerse de estas nuevas modalidades, no se pierdan los debates que armamos en Radiogeek.

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