La compañía planea destinar 1.000 billones de wones en la próxima década a centros de datos de IA, baterías, pantallas y un nuevo polo de semiconductores en el suroeste de Corea del Sur. La estrategia busca descongestionar Seúl, pero ya generó críticas de la oposición y dudas sobre la disponibilidad de talento especializado.
El boom global de la inteligencia artificial está generando ganancias extraordinarias para los fabricantes de hardware, pero también un problema logístico de proporciones gigantescas. Mientras las grandes tecnológicas corren para construir la infraestructura física que sostenga el software de próxima generación, los recursos escasean. En respuesta, Samsung se prepara para anunciar un paquete de inversión de 1.000 billones de wones —aproximadamente 648.000 millones de dólares— a lo largo de la próxima década para impulsar sus ambiciones en IA.
Según Reuters, en lugar de volcar estos recursos en la ya congestionada región capital de Seúl, Samsung planea repartir la inversión. El ambicioso plan financiero apunta a construir centros de datos de IA de última generación, líneas de producción de baterías, instalaciones avanzadas de pantallas y un polo de manufactura de semiconductores dedicado en la región suroeste del país.
Durante décadas, la economía tecnológica de Corea del Sur giró casi exclusivamente alrededor de Seúl. Pero la escala de la actual ola de IA significa que la capital simplemente se está quedando sin espacio, electricidad y agua para sostener expansiones de manufactura masivas. Fuentes de la industria sugieren que tanto Samsung como su rival en memoria SK Hynix se ven forzadas a acelerar sus cronogramas de desarrollo de largo plazo solo para mantenerse al ritmo de la demanda global. Esto convierte a la expansión regional en una necesidad práctica, no en un objetivo lejano.
El movimiento forma parte de las iniciativas económicas del presidente Lee Jae Myung, quien busca promover un crecimiento regional equilibrado. La estrategia implica trasladar polos de manufactura masivos hacia zonas menos desarrolladas, con la intención de aliviar la inflación de precios inmobiliarios en la capital mientras se inyecta vida económica fresca en ciudades secundarias.
Sin embargo, a pesar de la promesa económica de una inyección tecnológica multimillonaria, el plan ya generó un debate intenso. Legisladores de la oposición argumentan que la ubicación de los nuevos proyectos tiene motivaciones políticas, sugiriendo que la administración está presionando a los conglomerados para que inviertan en bastiones políticos específicos. Mientras tanto, las ciudades manufactureras tecnológicas ya establecidas expresan preocupaciones serias: grupos comunitarios en los polos de fabricación de chips existentes temen que el traslado de los grandes conglomerados hacia los nuevos megaclústers desacelere inevitablemente la producción en las plantas más antiguas, generando pérdida de empleos locales y caída en la recaudación fiscal.
El mundo académico también cuestiona la viabilidad a largo plazo de construir polos avanzados de chips lejos de la capital. Los expertos señalan que un proyecto de alta tecnología de esta escala requiere una fuerza laboral altamente especializada. Convencer al talento de ingeniería de primer nivel de mudarse fuera de Seúl probablemente determine si estas futuras fábricas tienen éxito o se convierten en proyectos de construcción extremadamente costosos.
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