Con «Magnifica Humanitas», el primer papa estadounidense de la historia convierte la inteligencia artificial en el eje central de su magisterio social. El documento de 245 párrafos llama a gobiernos, líderes tecnológicos y ciudadanos a regular la IA antes de que se convierta en un instrumento de dominación, exclusión y guerra (Fuente Vaticano).
El 25 de mayo de 2026, el Vaticano presentó el documento más esperado del pontificado de León XIV: su primera encíclica. «Magnifica Humanitas: Sobre la Salvaguarda de la Persona Humana en el Tiempo de la Inteligencia Artificial» es un texto de 82 páginas con el que la Iglesia Católica eleva considerablemente su voz en los debates globales sobre inteligencia artificial, armas autónomas, trabajo, dignidad humana y la concentración de poder tecnológico en un puñado de corporaciones.
El núcleo del mensaje papal es tan breve como contundente. «Desarmar no significa rechazar la tecnología, sino evitar que domine a la humanidad», escribió el pontífice. León XIV advirtió contra «una carrera por algoritmos cada vez más poderosos y conjuntos de datos más grandes, impulsada por el deseo de asegurar la dominación geopolítica o comercial», y alertó sobre «nuevas formas de esclavitud» detrás del auge de la IA.
La elección de la fecha no fue casual. León XIV firmó la encíclica el 15 de mayo de 2026, el día exacto del aniversario de «Rerum Novarum» de León XIII —el documento fundacional de toda la doctrina social católica moderna—, trazando así un paralelo explícito entre la revolución industrial del siglo XIX y la revolución tecnológica del siglo XXI.
Uno de los planteos más audaces del documento tiene implicaciones legales directas. La encíclica extiende el principio de la «destinación universal de los bienes» a los sistemas de inteligencia artificial, argumentando que los datos, algoritmos y plataformas no pueden ser tratados como propiedad absoluta de quienes los controlan. En esa misma línea, el Papa insistió en que dentro del desarrollo de sistemas de IA debe existir «la posibilidad de discutir abiertamente los marcos éticos involucrados y someterlos a estándares compartidos de justicia social», y que «la propiedad de los datos no puede dejarse únicamente en manos privadas, sino que debe ser regulada adecuadamente».
La dimensión bélica tampoco escapó al análisis papal. León XIV advirtió que «la creciente facilidad con que los sistemas de armas autónomas pueden ser desplegados hace que la guerra sea más ‘factible’ y menos sujeta al control humano».
La presencia de Christopher Olah, cofundador de Anthropic, en la presentación del documento en el Salón del Sínodo del Vaticano fue uno de los momentos más simbólicos del evento. Olah elogió la disposición del Papa a involucrarse directamente con la industria tecnológica, mientras que León XIV agradeció su presencia y, en nombre de la Iglesia, aceptó la invitación a «caminar juntos, escuchar y hablar, y encontrar juntos el camino para la humanidad en este tiempo de inteligencia artificial».
Con «Magnifica Humanitas», la Iglesia Católica no solo opina sobre la IA: define con autoridad doctrinal los términos en que el mundo debería regularla. Un mensaje que, desde el Vaticano, llega a 1.400 millones de católicos y, más allá de ellos, a todos los que se preguntan si el progreso tecnológico avanza más rápido que la capacidad humana de controlarlo.

