Un reciente análisis del abogado y experto en ciberseguridad Daniel Monastersky ha puesto el foco en una de las mayores tensiones de la era digital: la brecha entre lo que las empresas como Meta (Facebook, Instagram, WhatsApp) dicen hacer con nuestros datos y la realidad de sus prácticas. Bajo la premisa de que «nos mienten en la cara», el debate sobre la verdadera privacidad en las redes sociales vuelve a encenderse (Fuente LinkedIn Daniel Monastersky).
La confianza del usuario es el activo más valioso, pero también el más frágil. En un reciente artículo de opinión, se analiza cómo Meta ha mantenido un discurso de «protección y privacidad» mientras, de forma paralela, implementa cambios en sus términos y condiciones que facilitan el uso de información personal para el entrenamiento de sus modelos de inteligencia artificial. Según el experto, no se trata solo de una cuestión técnica, sino de un problema ético profundo donde el consentimiento del usuario parece ser más una formalidad legal que una elección real.
El punto de mayor fricción reside en la opacidad de los algoritmos y en cómo las plataformas recolectan datos incluso cuando creemos estar en entornos seguros. Por ejemplo, el anuncio de suscripciones en WhatsApp o la integración de anuncios en el buscador de IA de Meta son vistos por muchos como pasos hacia una monetización agresiva que sacrifica la transparencia. «¿Estamos realmente informados de lo que firmamos al aceptar un contrato de 50 páginas?», es la pregunta que resuena entre los defensores de los derechos digitales.
Este tipo de críticas llega en un momento en que la Unión Europea y otros organismos internacionales están endureciendo las multas por falta de transparencia. El análisis sugiere que la única forma de que los usuarios recuperen el control es a través de una regulación más estricta y una mayor conciencia crítica por parte de la sociedad. En un mundo donde los datos son el «nuevo petróleo», la veracidad de las empresas tecnológicas está bajo la lupa más que nunca, y el caso de Meta se presenta como el ejemplo perfecto de la lucha entre el beneficio corporativo y la ética digital.
Tal explica el informe, se encuentran dos investigaciones simultáneas en Estados Unidos revelan que ex contratistas de Accenture tenían «acceso irrestricto» a conversaciones supuestamente privadas, que empleados de Meta podían «extraer lo que quisieran», y que este acceso iba años atrás sin necesidad de descifrado. El Departamento de Comercio investiga bajo el nombre «Operation Sourced Encryption», mientras una demanda colectiva describe el cifrado de WhatsApp como una «farsa». Meta niega todo categóricamente, pero su historial habla por sí solo: $5 mil millones en multas por Cambridge Analytica, promesas rotas a los fundadores de WhatsApp que renunciaron por diferencias sobre privacidad, y un patrón sistemático de engaño que se repite cada vez que confían en que nadie verificará sus afirmaciones técnicas.
Para 2 mil millones de usuarios —incluidos millones de argentinos que usan WhatsApp para comunicaciones profesionales protegidas por secreto— la pregunta ya no es si Meta puede leer tus mensajes, sino por qué seguimos creyendo que no lo hace cuando mentir sobre privacidad mientras lucran con tus datos es exactamente lo que esta corporación hace mejor.
Las pruebas que se acumulan como evidencia irrefutable
La investigación federal que involucra a Fordyce no es un caso aislado de un empleado descontento. Es una investigación formal bajo el nombre operativo «Operation Sourced Encryption», conducida por agentes especiales del Bureau of Industry and Security del Departamento de Comercio estadounidense. Un segundo moderador de contenido confirmó independientemente las declaraciones de Fordyce. Ambos trabajaron desde ubicaciones físicas verificables, realizando tareas documentadas, durante años.
El reporte oficial del agente investigador, al que Bloomberg tuvo acceso, es devastador en su simplicidad: «Ambas fuentes confirmaron que tenían empleados dentro de sus ubicaciones físicas de trabajo que tenían acceso irrestricto a WhatsApp». Fordyce detalló que los moderadores podían solicitar acceso a comunicaciones específicas y «el equipo de Facebook podía extraer lo que quisieran y enviarlo». Posteriormente, los moderadores recibieron acceso directo a través de sistemas internos de Meta.
«No podemos cerrar los ojos ante un escenario tan complejo: WhatsApp custodia datos valiosísimos de millones de personas, mientras Meta aprovecha su dominio en el mercado. Su estrategia es clara: se escudan en que ‘todo el mundo lo usa’ para frenar cualquier intento de migración. Meta es consciente de que movilizar a una masa crítica de usuarios hacia otras plataformas es un desafío monumental, lo que les permite mantener su control casi sin resistencia.»
Desde nuestro lado, los invitamos a que empiecen a probar determinadas alternativas como Signal y que de a poco vayamos moviendo nuestros contactos hacia opciones más seguras!.

